Una larga sombra se dibuja en la pared, forma un ángulo perfecto que hace dirigir la mirada hacia unas piernas vestidas tan solo con unas panty medias hasta el muslo. Es el preciso momento en el que se ve a una mujer acostada en una cama, mirando hacia el techo, con la mirada perdida. A su lado un hombre desnudo, recostado boca abajo que la mira y le habla, ella no está muerta ni ausente, ella simplemente lo escucha. Articula y analiza cada palabra minuciosamente tratando de encontrar sentido a lo que él dice.
- La verdad es que no sé si me gusta, no entiendo por qué me gusta. Debe ser porque paso mucho tiempo con ella...-
Es lógico que le gusta, entonces no entiendo que hace a mi lado cuando debería estar persiguiéndola, haciéndole el amor, piensa ella...
- A veces creo que prefiero estar solo, ya he cambiado el concepto de pareja...ya no creo en ello.-
Ella lo mira. Asiente dándole la razón, cree que con eso superará lo que acaba de oír. No está convencida, sabe perfectamente que no es el tipo de hombre con el que se pasa una noche y se olvida a los 5 minutos del coito. Seamos claros, en este punto ella ya no quiere oírlo más y decide hundirse en sus pensamientos absurdos, hasta que llega a la conclusión de que hay gente para todo.
Después de decidirse a caminar bajo la llovizna, fumarse un cigarrillo y olvidar la sensación de vacío al dejarlo en la puerta de su casa, como cualquier viejo amigo del que te despides para verlo uno o unos cuantos días más tarde, a pesar de que eres consciente de que esta vez será diferente y te da miedo, pero no puedes hacer nada a cambio.
En cada paso ella piensa sobre lo dicho por él, sus palabras, todo le suena absurdo hasta sus propias acciones no son de alguien que solo quiera un pequeño rato sexual con otra persona. Le duele saber que sea un desperdicio de tiempo y de energía, se pregunta si no será que ella no es lo suficiente para él para que su idea cambie y dejar que como los ríos, todo fluya, desemboque en un gran océano de peces, rocas, colores.
No soporta el vacío, una lágrima rueda por su mejilla hasta su mentón. Lo decide, ha decidido que no le dolerá más. Tratar de hacer lo que hacen las otras solo le ha traído problemas, no quiere ser ya el juguete de otros a pesar de que ella los ha usado como juguetes, sabe que no quiere quedarse con el sinsabor del desamor, el infortunio y la infelicidad de no volver a amar.
Sabe que todo lo dicho en la cama es mentira, ella puede afirmar con el dolor de su alma que la frase correcta es "no quiero una relación contigo, pero si fueras la que me gusta, sí, podría ser una relación". Es duro, para ella quien está bajo un árbol tratando de calmarse, es inútil ya llorar por algo que se aceptó como un solo juego "por probar", el maldito deseo de sentirnos acompañados y derrumbar la soledad a costa de nuestro propio dolor, ese es el masoquismo en su concepto más puro, no necesitamos más para hacernos daños que a nuestros deseos y las malas maneras de calmarlos, pasando por encima de nosotros mismos.
Ahora al llegar a casa finalmente, sabe que todo cambiará al no creerle aunque él intentará defenderse, ella sabe que nunca fue ni será cierto. Será una decepción e incrementará en uno más su lista de amantes fallidos. El último, el que no logró ver ni siquiera como amante sino como posible amado, pero no será porque él no quiere.
Te veo nuevamente decepción y vacío juntos...otra vez.
Sunday, June 29, 2014
Monday, June 16, 2014
Conversaciones con la almohada
Aquí entre las penumbras, buscando a Morfeo y esperando a que llegue finalmente. Doy vueltas y vueltas no solo sobre mi cama sino también a aquel pensamiento de las casualidades o destinos, realidades que ocurren porque sí, como los sueños que llegan a la mente y nos muestran un lugar junto con personas distintas.
No, por si se lo preguntan, no vivo un sueño. No me refiero tampoco a que se me haya hecho realidad alguno. Solo pienso como vamos caminando esta ruta llamada vida, encontrándonos un paisaje con flores, piedras preciosas y rocas amorfas en el camino. Aguas, lagos, mares, ríos y montañas cada una con una lección, porque pienso firme en que nada pasa o está en vano por nosotros.
Como hoy en mis pensamientos, mientras espero la llegada de Morfeo, siento que vivo la vida como una Rayuela dando un salto a cada lado, tirando una piedrita hacía cierto destino que finalmente me llevará al cielo. A veces pisando la raya para tener que devolverme un poco y lanzando y lanzando aquel artefacto que me de el permiso de entrar o no en alguna casilla.
Mi vida la reconozco así, saltando en una pata aventurera que me transite por los lugares en los que debo estar, alcanzar su cielo y devolverme. También transitar por personas, alcanzar su cielo, el brillo y esperar si debo o no quedarme allí con ellas, como bien diría Frida Kalho o más bien parafraseándola "en donde no puedas amar, no te quedes por mucho tiempo". Es cierto, a pesar de que no tengo miedo a amar a alguien nuevamente, supongo que alguna señal se pronunciará para hacer que mi cuerpo salga de su cárcel para amar, porque después de esperar como Penélope entre sus tejidos a su amado, mi ritual no es distinto aunque yo solo espero encontrármelo en el camino para que esté a mi lado sin peros ni paraqués de por medio. Solo que su mano acceda a la mía, sus pasos continúen junto a los míos. No necesito más para continuar saltando en mi rayuela, no solo para evadir las líneas que separan sus números, sino esta vez para alcanzar su cielo y el mío.
Lo que ahora se convierte en una bonita perspectiva romántica, lo más parecido a un sueño mientras sigo invocando a Morfeo...En parte lo pienso, dando tumbos, devolviéndome unos pasos y mejor guardándome lo que aún ni siquiera siento. Es como un espejismo, el oasis en medio del desierto en el que vive mi soledad hoy...Allí ya viene el sueño, viene viene...
Hola Morfeo...
No, por si se lo preguntan, no vivo un sueño. No me refiero tampoco a que se me haya hecho realidad alguno. Solo pienso como vamos caminando esta ruta llamada vida, encontrándonos un paisaje con flores, piedras preciosas y rocas amorfas en el camino. Aguas, lagos, mares, ríos y montañas cada una con una lección, porque pienso firme en que nada pasa o está en vano por nosotros.
Como hoy en mis pensamientos, mientras espero la llegada de Morfeo, siento que vivo la vida como una Rayuela dando un salto a cada lado, tirando una piedrita hacía cierto destino que finalmente me llevará al cielo. A veces pisando la raya para tener que devolverme un poco y lanzando y lanzando aquel artefacto que me de el permiso de entrar o no en alguna casilla.
Mi vida la reconozco así, saltando en una pata aventurera que me transite por los lugares en los que debo estar, alcanzar su cielo y devolverme. También transitar por personas, alcanzar su cielo, el brillo y esperar si debo o no quedarme allí con ellas, como bien diría Frida Kalho o más bien parafraseándola "en donde no puedas amar, no te quedes por mucho tiempo". Es cierto, a pesar de que no tengo miedo a amar a alguien nuevamente, supongo que alguna señal se pronunciará para hacer que mi cuerpo salga de su cárcel para amar, porque después de esperar como Penélope entre sus tejidos a su amado, mi ritual no es distinto aunque yo solo espero encontrármelo en el camino para que esté a mi lado sin peros ni paraqués de por medio. Solo que su mano acceda a la mía, sus pasos continúen junto a los míos. No necesito más para continuar saltando en mi rayuela, no solo para evadir las líneas que separan sus números, sino esta vez para alcanzar su cielo y el mío.
Lo que ahora se convierte en una bonita perspectiva romántica, lo más parecido a un sueño mientras sigo invocando a Morfeo...En parte lo pienso, dando tumbos, devolviéndome unos pasos y mejor guardándome lo que aún ni siquiera siento. Es como un espejismo, el oasis en medio del desierto en el que vive mi soledad hoy...Allí ya viene el sueño, viene viene...
Hola Morfeo...
Tuesday, April 29, 2014
En la oscuridad de las calles
A Cedric
¿Recuerdas...?
Los pasajes húmedos alumbrados por la tenue luz amarilla y aquellas noches heladas en que salía el vaho por mi boca y tu me decías que me abrigara porque todo estaría bien. Esas noches en que siempre había algo que rompiera la rutina, o al menos algo que inventarse para que siempre fuera distinto. Como empezar por probar si funcionaban tus discos, luego cantar una canción, acompañarnos por una cerveza, sentir que todo debía evolucionar, subirle a la radio, bailar un poco, terminar bebiendo ron en su forma más pura hasta olvidarnos de todo. Hasta de las llamadas de los vecinos para hacer que paráramos la fiesta porque era martes o miércoles o jueves...
Esos días en que nuestras conversaciones en tu patio debajo de los ciruelos florecientes, iban acompañadas de queso con martini y hasta con pepinillos agridulces, esos que siempre nos gustaron tanto. Ver el atardecer, sentir el frío delicioso de la primavera, cuando te decía que me sentía en casa porque ese era mi clima verdadero. Aunque hoy por hoy conservo la nostalgia del invierno helado con guatero en las noches.
Yo en cambio, recuerdo esa dulzura con la que amenizabas mi día y mi constante amargura. Mis dudas de todo y tus respuestas (algunas inventadas) para dejarme claro que las cosas marcharían de acuerdo a lo que yo quisiera que fueran, que todo estaría bien siempre.
Todas nuestras caminatas aventureras a la madrugada, yo a veces fumando, tu casualmente echando humo por la boca...todo lo que jamás viviré...No será lo mismo recorrer esas calles y aguantar el mismo frío sola a estar contigo, pues cada paso era una historia, real o mentira, daba lo mismo. Éramos la mejor compañía para el otro.
Y, no, ya no serán el dance y el jazz; serán nuestros propios recuerdos en esta hermosa historia tan llena de alegría y nostalgia al mismo tiempo. Diferentes tonos y sensaciones transmitidas a través de letras, imágenes y palabras, que sobrevivirán en el tiempo y nos harán recordarnos el uno al otro.
Por mi parte, no quiero pensar que aquel tiempo ya no volverá, pensaré que volveremos a vernos, ya más viejos, con con canas pero siempre con grandes carcajadas...Mientras tanto por este tiempo, he de extrañarte y añorarte; viendo como el camino me muestra su forma junto con sus ramas y piedras, pero siempre contigo en la mente para no perderte nunca.
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