Wednesday, September 12, 2012

Uno Para Dos


Estaba caminando por el parque con Vicky esa tarde y ella propuso que fueramos a tomarnos un café, yo accedí sin problema. Salimos a la calle húmeda por la lluvia, el olor del asfalto me inspiraba para caminar mientras miraba a Vicky, una mujer más madura que yo, con carácter fuerte y de personalidad arrolladora; con cada paso se notaba más segura de sí misma.

En pocos minutos llegamos al café, no había venido antes, pero me parecio muy del gusto de Vicky. Ella se sento en una mesa, junto a una de las ventanas del lugar, yo me sente frente a ella para mirar su ojos y la manera en que hablaba, me gusta Vicky. Mientras chárlabamos, ella sacó un cigarro de su bolso y lo encandió, yo la miré directamente a los ojos y ella solo dijo - ¿Sabes? Me dan muchas ganas de fumar cuando llueve- Yo sonreí sin dejar de mirarla. La mesera se acerco y nos tomó el pedido, ambos tomaríamos café.

Justo cuando Vicky me hablaba sobre algunos inconvenientes en su trabajo, una mujer pasó en frente de la ventana y Vicky reaccionó euforicamente y comenzó a golpear el el vidrio de la ventana para llamar la atención de la mujer, quien miró a Vicky con sorpresa, le sonrió y saludó con la mano. En eso Vicy le ordenó que entrar para tomar un café, la mujer rapidamente aparecio justo al lado de nuestra mesa, saludó a Vicky con un beso en la mejilla. - Amanda, este es Gabriel- dijo Vicky amablemente. Saludé a Amanda de la mano, la miré y ella lucía pálida, sus labios carnudos y rojos, el pelo alborotado por el viento y la lluvia, senti un poco de nerviosismo al tocar su mano y algo de inseguridad al ver sus ojos.

Vicky invitó a Amanda a sentarse con nosotros, pero ella se negó excusandose en una sarta de quehaceres más bien increibles y tras esto se retiró cortesmente con una sonrisa.

Cuando volvimos a estar solos, Vicky y yo, ella leyó algo en mi mirada, debió ser que tenía una cara de interrogante de aquellas porque de inmediato empezó a hablarme de su relación con Amanda, por supuesto respondía todas las preguntas que tenía en mi mente pero que no me atrevía a inquerir, pero ella continuó, - conozco a Amanda desde hace varios años. La conocí porque su esposo y yo trabajábamos en el mismo lugar. Así que en alguna reunión coincidimos y ella de alguna manera siguió en  contacto conmigo. Digo, no somos íntimas amigas pero sí conozco algunos detalles de su vida-.

Parece que mi mirada le decía sigue hablando por favor. Vicky encendió otro cigarro, sus pecho se inflaba mientras aspiraba el humo del cigarro, ella sonreia con maldad esta vez. - Ella no es feliz, bueno lo intuyo y lo digo porque en la vida tienes opciones o te dedicas a estudiar una carrera, ser talentosa y brillar haciendo lo que sabes hacer o simplemente te enamoras, te casas, mantienes un hogar, hijos, tratas de hacer feliz a un esposo que nunca te ha valorado...
-        O sea que ¿Piensas que casarte es frustrarte?- Interrumpí
-        No necesariamente, respondió Vicy.
-        No te entiendo, dije.
-        Mira es facil, si ser madre y estar casada es lo que te hace feliz y en realidad lo eres, pues alcanzas el éxito, pero en mi caso ese no era el objetivo, jamás me vi casada y por eso decidí quedarme sola y tampoco es el caso de Amanda-. Hizo una pausa. - Mira puede que te suene extraño pero a veces o por lo general no se puede mezclar amor y profesión...Aunque en tu caso es distinto, tu si amas mientras trabajas- Dijo con voz lujuriosa.

En ese momento no sabía si reirme, pero me dije, pobre Vicky porque siendo ella una mujer tan inteligente y tan metódica, ella no tenía la menor idea de que yo ya conocía a Amanda mucho más de lo que ella creía. Sí, Amanda se cruzó en mi camino un martes en la mañana, justo cuando yo iba llegando al club.

Ese día llegué a la recepción del club por unas llaves para mi locker y mire hacía mi lado derecho y ahí estaba ella de pie firmando algo así como una solicitud; calculé que estaba entre los 35 o 40 años, pelirroja, delgada pero con buenas curvas, blanca, de movimientos rápidos y mirada nerviosa, parecía un roedor perseguido por un gato. Recibí las llaves de mi locker y continué en mi camino, no la vi más pero quedó grabada en mi mente.

Días más tarde, descubriría que ambos pertenecíamos al mismo club, ella como miembro yo como instructor, así que tuve acceso a su información, como los días en los que iba al club, las cosas que hacía allí, si era casada, si tenía hijos, incluso lo que le gustaba comer. Me volví algo así como su espía. Finalmente me tomé el tiempo para crear mi propia coartada y así llegar hacía donde ésta mujer que pedía ser salvada de algo, y ese algo era el punto que buscaba alcanzar.

Aquel día Amanda nadaba en la piscina, lo hacía muy bien, un poco torpe con algunos movimientos pero encontraba que esa torpeza era atractiva de por sí y me demostraba que ella era real y de cierto modo alcanzable. Decidí meterme al agua y nadar un poco también, pero sin perder de visa mi objetivo.
De repente, pare de nadar y sentí que alguien me observaba desde algún punto, ella estaba ahí sentada al borde de la piscina mirándome, presentí que el cazador se convirtió en la presa. Por primera vez me sentí indefenso; si bien Amanda demostraba ser desconfiada e insegura, dentro de ella ocurría lo contrario, sabía perfectamente lo que quería y me lo estaba diciendo con su mirada de gata, el roedor nervioso que ví la primera vez desapareció y ahora ella me descubría.

Traté de mantener la calma y le sonreí, ella me dijo – Lo haces muy bien-  yo respondí con un humilde gracias y nadé hacía ella, la saludé y le dije te ví nadar cuando llegué y también lo haces bien, tienes un buen físico. Ella se sonrojo y dijo – mientes, lo hago mal; además nado para liberar tensión y generar resistencia- Le sonreí y la invité a comer algo, ella accedió.

Mientras pasaban los días, Amanda y yo nos acercábamos cada día más, nos encontrábamos más seguido y no solo en el club, también afuera en hoteles y moteles de diferente calidad y precio. Nuestra conexión fue inmediata, tuve acceso a su sensualidad, a la dulzura de su piel y sus labios, a la suavidad de su pelo, a la agresividad de sus caricias y de su mirada...En pocas palabras, a su cuerpo entero. Me convertí en su amante, fui su punto de fuga, su salvador, aquel que le daría sino un poco de sentido le daría un poco de locura a su vida. Por eso lo sabía todo de ella, más que Vicky y mucho más que su propio marido.

Vuelvo la mirada hacía Vicky, hacía su escote, ella me corresponde con un beso y me propone que vayamos a un lugar más intimo; paga la cuenta como siempre y abandonamos el café. En mi mente queda Amanda, mi gusto por ella, pienso en como se sentiría al veme con Vicky, pero no importa ella entiende o al menos sabe que no pertenezco a nadie ni a ninguna parte

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