Estaba caminando por el parque con Vicky esa tarde y ella propuso
que fueramos a tomarnos un café, yo accedí sin problema. Salimos a la calle
húmeda por la lluvia, el olor del asfalto me inspiraba para caminar mientras
miraba a Vicky, una mujer más madura que yo, con carácter fuerte y de
personalidad arrolladora; con cada paso se notaba más segura de sí misma.
En pocos minutos llegamos al café, no había venido antes, pero me
parecio muy del gusto de Vicky. Ella se sento en una mesa, junto a una de las
ventanas del lugar, yo me sente frente a ella para mirar su ojos y la manera en
que hablaba, me gusta Vicky. Mientras chárlabamos, ella sacó un cigarro de su
bolso y lo encandió, yo la miré directamente a los ojos y ella solo dijo -
¿Sabes? Me dan muchas ganas de fumar cuando llueve- Yo sonreí sin dejar de
mirarla. La mesera se acerco y nos tomó el pedido, ambos tomaríamos café.
Justo cuando Vicky me hablaba sobre algunos inconvenientes en su
trabajo, una mujer pasó en frente de la ventana y Vicky reaccionó euforicamente
y comenzó a golpear el el vidrio de la ventana para llamar la atención de la
mujer, quien miró a Vicky con sorpresa, le sonrió y saludó con la mano. En eso
Vicy le ordenó que entrar para tomar un café, la mujer rapidamente aparecio
justo al lado de nuestra mesa, saludó a Vicky con un beso en la mejilla. -
Amanda, este es Gabriel- dijo Vicky amablemente. Saludé a Amanda de la mano, la
miré y ella lucía pálida, sus labios carnudos y rojos, el pelo alborotado por
el viento y la lluvia, senti un poco de nerviosismo al tocar su mano y algo de
inseguridad al ver sus ojos.
Vicky invitó a Amanda a sentarse con nosotros, pero ella se negó
excusandose en una sarta de quehaceres más bien increibles y tras esto se
retiró cortesmente con una sonrisa.
Cuando volvimos a estar solos, Vicky y yo, ella leyó algo en mi
mirada, debió ser que tenía una cara de interrogante de aquellas porque de
inmediato empezó a hablarme de su relación con Amanda, por supuesto respondía
todas las preguntas que tenía en mi mente pero que no me atrevía a inquerir,
pero ella continuó, - conozco a Amanda desde hace varios años. La conocí porque
su esposo y yo trabajábamos en el mismo lugar. Así que en alguna reunión
coincidimos y ella de alguna manera siguió en
contacto conmigo. Digo, no somos íntimas amigas pero sí conozco algunos
detalles de su vida-.
Parece que mi mirada le decía sigue hablando por favor. Vicky
encendió otro cigarro, sus pecho se inflaba mientras aspiraba el humo del
cigarro, ella sonreia con maldad esta vez. - Ella no es feliz, bueno lo intuyo
y lo digo porque en la vida tienes opciones o te dedicas a estudiar una
carrera, ser talentosa y brillar haciendo lo que sabes hacer o simplemente te
enamoras, te casas, mantienes un hogar, hijos, tratas de hacer feliz a un esposo
que nunca te ha valorado...
-
O sea que ¿Piensas que casarte
es frustrarte?- Interrumpí
-
No necesariamente, respondió
Vicy.
-
No te entiendo, dije.
-
Mira es facil, si ser madre y
estar casada es lo que te hace feliz y en realidad lo eres, pues alcanzas el éxito,
pero en mi caso ese no era el objetivo, jamás me vi casada y por eso decidí
quedarme sola y tampoco es el caso de Amanda-. Hizo una pausa. - Mira puede que
te suene extraño pero a veces o por lo general no se puede mezclar amor y
profesión...Aunque en tu caso es distinto, tu si amas mientras trabajas- Dijo
con voz lujuriosa.
En ese momento no sabía si reirme, pero me dije, pobre Vicky porque
siendo ella una mujer tan inteligente y tan metódica, ella no tenía la menor
idea de que yo ya conocía a Amanda mucho más de lo que ella creía. Sí, Amanda
se cruzó en mi camino un martes en la mañana, justo cuando yo iba llegando al
club.
Ese día llegué a la recepción del club por unas llaves para mi
locker y mire hacía mi lado derecho y ahí estaba ella de pie firmando algo así
como una solicitud; calculé que estaba entre los 35 o 40 años, pelirroja,
delgada pero con buenas curvas, blanca, de movimientos rápidos y mirada
nerviosa, parecía un roedor perseguido por un gato. Recibí las llaves de mi
locker y continué en mi camino, no la vi más pero quedó grabada en mi mente.
Días más tarde, descubriría que ambos pertenecíamos al mismo club,
ella como miembro yo como instructor, así que tuve acceso a su información,
como los días en los que iba al club, las cosas que hacía allí, si era casada,
si tenía hijos, incluso lo que le gustaba comer. Me volví algo así como su
espía. Finalmente me tomé el tiempo para crear mi propia coartada y así llegar
hacía donde ésta mujer que pedía ser salvada de algo, y ese algo era el punto
que buscaba alcanzar.
Aquel día Amanda nadaba en la piscina, lo hacía muy bien, un poco
torpe con algunos movimientos pero encontraba que esa torpeza era atractiva de
por sí y me demostraba que ella era real y de cierto modo alcanzable. Decidí
meterme al agua y nadar un poco también, pero sin perder de visa mi objetivo.
De repente, pare de nadar y sentí que alguien me observaba desde
algún punto, ella estaba ahí sentada al borde de la piscina mirándome, presentí
que el cazador se convirtió en la presa. Por primera vez me sentí indefenso; si
bien Amanda demostraba ser desconfiada e insegura, dentro de ella ocurría lo
contrario, sabía perfectamente lo que quería y me lo estaba diciendo con su
mirada de gata, el roedor nervioso que ví la primera vez desapareció y ahora
ella me descubría.
Traté de mantener la calma y le sonreí, ella me dijo – Lo haces muy
bien- yo respondí con un humilde gracias
y nadé hacía ella, la saludé y le dije te ví nadar cuando llegué y también lo
haces bien, tienes un buen físico. Ella se sonrojo y dijo – mientes, lo hago
mal; además nado para liberar tensión y generar resistencia- Le sonreí y la
invité a comer algo, ella accedió.
Mientras pasaban los días, Amanda y yo nos acercábamos cada día más,
nos encontrábamos más seguido y no solo en el club, también afuera en hoteles y
moteles de diferente calidad y precio. Nuestra conexión fue inmediata, tuve
acceso a su sensualidad, a la dulzura de su piel y sus labios, a la suavidad de
su pelo, a la agresividad de sus caricias y de su mirada...En pocas palabras, a
su cuerpo entero. Me convertí en su amante, fui su punto de fuga, su salvador,
aquel que le daría sino un poco de sentido le daría un poco de locura a su
vida. Por eso lo sabía todo de ella, más que Vicky y mucho más que su propio
marido.
Vuelvo la mirada hacía Vicky, hacía su escote, ella me corresponde
con un beso y me propone que vayamos a un lugar más intimo; paga la cuenta como
siempre y abandonamos el café. En mi mente queda Amanda, mi gusto por ella,
pienso en como se sentiría al veme con Vicky, pero no importa ella entiende o
al menos sabe que no pertenezco a nadie ni a ninguna parte
